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La automatización ya está presente en la ganadería y no deja de crecer

Así es la granja automática: cómo estos robots ordeñan a las vacas

Al entrar en la granja Gala Merino te recibe un robot voluminoso que se desliza por el suelo de forma autónoma. Barre alrededor del recinto donde se encuentran las vacas lecheras, que asoman sus cabezas entre la valla para comer. El autómata les arrima el forraje, para que no quede esparcido más allá de su alcance.

Cuando Pedro heredó la granja de su padre, quien a su vez la había heredado de los suyos, no se podía imaginar algo así. El robot que acerca el forraje se suma a otro que hace un trabajo aún más delicado: ordeña sin asistencia de ninguna persona. La vaca entra en una pequeña cuadra donde un brazo neumático maniobra en movimientos rectilíneos hasta acoplar en las ubres las pezoneras, los tubos de plástico que se usan para extraer la leche. Cuando termina, el apéndice robótico se retira con un siseo industrial y está listo para que entre la siguiente.

A punto de jubilarse, Pedro y su mujer María Luisa, cuyos apellidos dan nombre a esta granja familiar, han cedido el relevo a sus tres hijos. Ha sido esta generación la que apostó por probar con los robots.

La granja, en Escalona del Prado, un pequeño pueblo de Segovia, tuvo su primer contacto con estas máquinas hace diez años. Hoy tienen cuatro, que se ocupan de ordeñar sus 266 vacas. “El mayor beneficiado fui yo”, remacha Pedro. “Porque ya dejé de ordeñar y el ordeñar en esto es lo peor de todo. Te lleva seis o siete horas diarias. En aquella época tenía 54 años y el 50

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