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En otra actuación plena, la española interrumpe la progresión de la siberiana (6-2 y 6-1, en 1h 10m)

Muguruza descose a Sharapova de camino a semifinales

Detrás de los historiales, la mercadotecnia y los personajes, la pista es el único baremo fiable. No hay nombre ni estatus que valgan. Sobre el cemento, la hierba o la arcilla no hay trampa ni cartón. Solo tenis. Y en estas, el duelo que enfrentó a Garbiñe Muguruza y a Maria Sharapova ofreció un diagnóstico contundente: hoy día, la rusa está muy lejos de la jugadora que conquistó cinco grandes y también lo está de su contrincante. Sharapova ya no es aquella Sharapova y Muguruza, aplicada, seria y centrada durante estas dos semanas en París, vuelve a ser la Muguruza que se crece cuando tiene un ochomil delante. Atadas las semifinales (6-2 y 6-1, en 1h 10m), ahora el límite solo puede marcarlo ella misma, la tenista que cuanto mayor es el desafío mejor compite y más se entona.

Muy rápido se intuyó por dónde iban a ir los tiros, porque a la rusa se le atascó la palanca derecha y su progresión de las últimas fechas se cortó de cuajo. A sus 31 años y en una particular cruzada para reencontrarse consigo misma, quedan vestigios de la estrella, pero solo vestigios. Golpeó mal y eligió peor, y enfrente estaba una rival que salió con el cuchillo entre los dientes porque la ocasión lo merecía: después de haber derrotado a las hermanas Williams –en las finales de dos grandes escenarios, Roland Garros y Wimbledon–, Garbiñe podía añadir otra muesca histórica a su revólver si vencía a la siberiana. Batidas Serena y Venus, ahora también puede presumir de haber derribado a otro gran icono del tenis femenino.

Sin chispa ni pólvora, Sharapova fue desde el principio dejando bolas cortas, a media pista, a las que entró Muguruza con todo. De arranque, dos breaks y un mundo entre la una y la otra; cuatro juegos por encima la española, vigorosa, concentrada y eléctrica, profunda en cada una de sus golpes y desafiante en todo momento. Ya lo advirtió hace un par de días: “Tengo muchas ganas de jugar este partido”. Y jugó, lo jugó de fábula y lo ganó, mordisco a mordisco, arañazo a arañazo sin dejar el más mínimo margen para la reacción. Masha buscó refugio en la línea de fondo –no se asomó más que tres veces a la red– y las dejadas, pero erró en prácticamente todas: bien les cortaba el paso la malla o las cazaba Garbiñe porque eran muy altas.

La diferencia fue abismal. Tenía ganas Muguruza de saldar viejas cuentas y rendir por primera vez a Sharapova, superior en los tres precedentes; el último de ellos, en 2014, cuando la historia era completamente distinta. Entonces, a la española apenas le habían salido los dientes como profesional, con 20 años, mientras que la rusa ganaba su segunda corona en París. Pero, lo dicho, era otra época. Un año después Muguruza se destapó como finalista en Wimbledon y luego triunfó en el Bois de Boulgone y el All England Tennis Club, mientras que su adversaria (27 errores hoy) tuvo que pasar por el purgatorio debido a su positivo por dopaje. De estilo aguerrido y directo las dos, muy agresivas, este miércoles solo tomó una la palabra. Fue Garbiñe, más y más afilada conforme pasan los días.

Ya lo decía en este periódico Mats Wilander, homenajeado nada más cerrarse el partido por los 30 años de su último éxito en Roland Garros: “Con Garbiñe en la segunda semana todo puede pasar”. Pues eso. En el trayecto, tres ganadoras de Grand Slam ko: Kuznetsova, Stosur y Sharapova. Mañana, en el horizonte, Simona Halep (6-7, 6-3 y 6-2 a Angelique Kerber) y la posibilidad de recuperar el número uno si alcanza la final. Y ella, mientras, pisando más y más fuerte.

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