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“Mi cuerpo me grita que pare y ya es hora de que yo le escuche”, escribió en una carta de despedida

Lindsey Vonn, la reina del esquí, se despide con un bronce Mundial

En Are, Suecia, ganó Lindsey Vonn sus primeras medallas. Fue en 2007. Hoy, 12 años después, en su última carrera, la americana de 34 años, la reina del esquí, se ha colgado un bronce en el descenso del Mundial. La mejor forma de decir adiós al deporte que la ha mimado pero también maltratado en forma de lesiones durante 19 temporadas. Un deporte, el esquí alpino, que ella contribuyó a hacer más mediático. Las lesiones y el calvario que le ha supuesto salir de ellas, la han obligado a decir basta. Hace cinco días anunció su retirada.


Dijo que el descenso de este domingo sería su última carrera. Una carrera en la que ha cosechado 82 victorias en la Copa del Mundo–ninguna esquiadora ha ganado tanto- que la dejan a tres de igualar al mito Ingemar Stenmark: una carrera en la que ha levantado 16 Copas del Mundo y que la ha llevado a subirse 138 veces al podio. Sólo las innumerables lesiones que la asfixiaron han impedido que ese palmarés fuera aún más abultado. Stenmark, por cierto, estaba este domingo a pie de pista para ver a Lindsey Vonn. Eurosport juntó a los dos después del descenso. "No he estado más nerviosa en mi vida... sabía que Ingemar [que hoy tiene 62 años] estaba aquí. No me he caído, ese era el objetivo", explicó Vonn. "Equilibrar las sensaciones de cuerpo y cabeza hoy era lo más complicado, no podía arriesgar demasiado", añadió la esquiadora el día de su adiós a las pistas. Los motivos los explicó hace cinco días.


“La razón por la que he decidido retirarme es porque no puedo esquiar nunca más como yo quiero. Quizás pueda sacar algo más en estos Mundiales, en mis últimas carreras, pero para entrenar y correr consistentemente, mis rodillas no son capaces de manejarse como deben. En primavera me operé para arreglar el cartílago dañado de mi rodilla derecha y luego tuve la lesión en el ligamento colateral lateral de la izquierda donde uso dos prótesis, por lo que ni puedo entrenar. Apenas puedo hacer nada en la montaña. Es una decisión dura, pero creo que es la más inteligente para el futuro”, explicó la americana. “Mi cuerpo me grita que pare y ya es hora de que yo le escuche”, indicó en su carta de despedida.


En 2015 le preguntaron en una entrevista en este periódico cómo maneja el dolor. Fue después de la grave lesión que sufrió en 2013 tras romperse el cruzado de la rodilla derecha. Pasó dos veces por el quirófano y perdió un año olímpico. A los Juegos acudió como comentarista. “El dolor es una distracción y tienes que bloquearlo. Se me da muy bien eso. Es como la gente que está en la salida. Siempre hay algo que te puede distraer”, contestó. Cuatro años después ha sido imposible seguir bloqueándolo, básicamente porque le impide poder entrenarse.

Vonn, que creció admirando a Picabo Street, la americana de trenzas y pecas que enamoró al circuito mundial del esquí en los años Noventa por su carisma y locura, dijo que de niña era flaca y descoordinada. “No era muy atlética, era muy torpe. Me tropezaba con todo. Crecí en Minnesota y me encantaba esquiar. Probé otros deportes, pero no era buena. Fui una niña flaca realmente feliz”, se confesaba.

Hace pocos días en Are le preguntaron en AP cuál será su próxima meta. “Conquistar el mundo”, contestó. En esa respuesta está la esencia y el carisma de Vonn que estrenó hace un par de meses su propio canal de YouTube. “No voy a estar sentada en el sofá, moviendo mis pulgares. Sería aburrido. Se trata de empujarme a mí misma”, detalló a AP. Habló de crear su propio negocio, del que de momento no ha desvelado detalles. “Espero que algún día digan: Lindsey está bien, era una esquiadora hace mucho tiempo, y ahora es una exitosa mujer de negocios”.

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