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El abogado interno es plenamente consciente de las consecuencias de la revolución digital que estamo

Los 'in-house': verdadero motor de la innovación de los despachos de abogados

Si hay una conclusión , es que a este colectivo de profesionales SÍ les preocupa, y mucho, la transformación digital. Durante el congreso, tuve el privilegio de poder asistir a las diferentes ponencias y talleres que se celebraron y, fueron mayoría, los dedicados a tratar temas, que de una u otra forma tenían relación con asuntos tecnológicos o muy conectados con ellos. Y es comprensible, porque el abogado interno trabaja en una empresa y no hay empresa ni sector de actividad, da igual que sea banca, seguros, industrial, hotelera, etc. al que no le haya impactado de lleno la tecnología y todo lo que ésta está trayendo consigo. En consecuencia, el abogado interno es plenamente consciente de las consecuencias de la revolución digital que estamos viviendo. Pero es que además, los pilares sobre los que se sustentaba esta profesión han cambiado. Hoy el abogado interno trabaja por lo general bajo estos parámetros:

1.- Su rol forma parte de la cadena de valor. El abogado ya no es sólo visto como un eslabón perdido de la cadena; al que se acude cuando no hay más remedio, sino que forma parte de ella y, además, una parte importante gracias a regulaciones como la del cumplimiento normativo o la de la protección de datos. Este formar parte de la cadena, supone para él también, integrarse en los procesos, y dado que el abogado no tiene el don de la ubicuidad, la tecnología se ha convertido en una excelente aliada para lograr integrarse en ellos.

2.- Tampoco desea ser percibido como un centro de costes, sino al revés, como un centro generador de beneficios. Para ello necesita medir y explicar sus resultados y la tecnología, sin duda, puede ayudarle a lograr este objetivo. Pero, ¿qué están midiendo los abogados internos en las empresas? Pues entre otros indicadores, les preocupa el número de casos ganados; los plazos de resolución de los asuntos; los tiempos de respuesta ante dudas o solicitudes de información o documentación; las desviaciones presupuestarias; las indemnizaciones cobradas por reclamaciones a aseguradoras, en procedimientos judiciales, etc. En algunos casos, parte de la retribución del abogado está vinculada a resultados y en consecuencia, la correcta medición de éstos, resulta esencial.

3.-Se ha visto obligado a reducir el equipo a mínimos, por lo que en la mayoría de los casos tiene más trabajo del que puede asumir y necesita por tanto dotarse de herramientas que le permitan ser eficiente. En nuestra experiencia, la tecnología de nuevo está siendo parte de la solución para este reto. Por ejemplo, a través de herramientas que les permiten generar plantillas de contratos, convertirlas en un simple link y controlar desde su pantalla quien ha accedido al contrato, quien lo ha firmado o recibir comentarios o preguntas sobre el mismo, así como permitir su firma a través de firma digital. Además, de generar evidencias que pueden ser muy útiles para el supuesto de que se produzca en el futuro una contingencia. Este tipo de herramientas son idóneas para organizaciones en las que se firman a diario contratos, con idéntico contenido por proveedores, clientes, franquiciados, etc. o para aquellas, como las aseguradoras, la banca o las empresas proveedoras de energía o telecomunicaciones, para la que resulta a la par clave la firma de los contratos por sus clientes y a la vez, ésta es compleja (por la cantidad de contrato manejada y el tipo de relación que se tiene con el cliente). La gestión de los contratos (controlar sus plazos, acceder a ellos sin dificultad y desde cualquier dispositivo, etc.) es otro de los retos a los que los abogados internos suelen necesitar dar solución y también para ello hay soluciones tecnológicas muy buenas. Otro ejemplo de tecnología útil es la dirigida a cumplir con normativas tan complejas de implantar en la práctica como la protección de datos o el cumplimiento normativo. Ambas exigen informar, formar y poder probar que se han realizado determinadas acciones en momentos concretos y a personas específicas. La tecnología es el mejor aliado para respetarlas. A estas herramientas, se suman también las que permiten la gestión documental y del conocimiento, es decir la clasificación y búsqueda de documentación en segundos; el reaprovechamiento del trabajo anterior, la identificación de los documentos más usados o mejor valorados por sus destinatarios. Estos son sólo tres ejemplos de tecnología que está ya al servicio del abogado interno y cuyas implantaciones sabemos que están transformando el oficio.
4.- Se forma con el resto del personal de la empresa y no hay hoy compañía que no haya puesto las competencias digitales en la agenda de sus programas de formación interna. En consecuencia, el abogado interno entiende lo que está pasando y sabe que los métodos de siempre están superados y que la tecnología está ahí para ayudarle a hacer mejor su trabajo.

5.- Disfruta de la ventaja de poder aprovechar la existencia de un departamento de tecnología que da servicio a toda la empresa, algo que sólo unos pocos despachos de abogados pueden hacer alarde de tener.

Como consecuencia natural de estos parámetros, ocurre lo que anunciamos como título de este artículo y que no debería pasar y es están siendo en la mayoría de los casos, las asesorías internas, los abogados in house, esto es, los clientes del despacho quienes primero están abrazando las novedades tecnológicas y no al revés. Es decir, el cliente está tecnológicamente más actualizado que su proveedor de servicios. En nuestra opinión, el riesgo que esto conlleva es grande:

1.- De imagen: cualquiera esperaría de su proveedor que fuera él quien le informara y pusiera a su disposición las novedades, que puedan de una u otra manera mejorar el servicio.
2.- De negocio: bajo la necesidad de reducir costes y personal el buen profesional buscará herramientas que le permitan lograr ambos objetivos.

Y así están las cosas. En el congreso de ACC en Cascais, me dio pena escuchar a más de un abogado decir "los despachos de abogados se están quedando atrás en esto de la transformación digital". Sin embargo, la realidad es que no existen razones que justifiquen que los despachos deban ir por detrás de sus clientes: ningún socio debería tener derecho a retrasar el cambio; está claro que estamos viviendo un momento complejo que exige invertir y que en muchos casos, el retorno sólo se obtendrá en el medio o largo plazo.

En conclusión, con independencia del tipo de firma a la que pertenezcas y de la mentalidad de los socios y gerentes, abierta o no al cambio, lo que está claro, es que si te dedicas a la abogacía de los negocios, el momento de reflexionar sobre lo que se podrías hacer mejor a través de la tecnología, ha llegado. Esta reflexión debe hacerse principalmente con y para el cliente. Su experiencia reclama hoy la automatización de procesos, el acceso inmediato a la documentación, la información y la analítica de datos, la generación de evidencias certificadas, etc. Si tú no se las puedes dar, vendrá otro que lo haga. Mucha de la LegalTech (tecnología que cubre las necesidades de nuestro sector) que resolvería la mayoría de los retos expuestos, comienza a estar ahí a tu disposición. Es tu obligación conocerla, probarla y en caso, de que te satisfaga implantarla. Y por otra parte, si no lo está, ¿qué te impide convertirte en un emprendedor de base tecnológica legal?


Tomado Por Expansión.com
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