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Los Lores enmiendan el texto para evitar un proceso de salida ‘por accidente’ temido por Bruselas

El Parlamento aprueba la ley que obliga a May a prorrogar el Brexit

El Parlamento y el Gobierno del Reino Unido ejecutan estos días una extraña danza en la que pelean cuerpo a cuerpo pero persiguen un objetivo común. Westminster ha aprobado este lunes, por 390 votos a favor y 81 en contra, el último paso para convertir en ley la moción conjunta impulsada por laboristas y conservadores que obligaba a Theresa May a solicitar una prórroga del Brexit a Bruselas e imponía la obligación legal de impedir a toda costa un Brexit sin acuerdo el próximo 12 de abril.

Poco después, la Corona refrendaba el texto y permitía que entrara en vigor. La primera vez, desde que se tiene recuerdo parlamentario, en que una moción presentada por diputados sin cargo —los backbenchers, se llaman en la jerga de Westminster, porque ocupan las bancadas traseras— acaba adquiriendo rango de ley sin el apoyo del Gobierno. La iniciativa perseguía el mismo objetivo que la primera ministra pretende extraer de los 27 en el Consejo Europeo del miércoles, pero revelaba la desconfianza y recelos de los diputados hacia las verdaderas intenciones de May. Por eso, a pesar del anuncio de Downing Street de que el propósito inmediato era retrasar en el tiempo la salida de la UE, la laborista Yvette Cooper y el conservador Oliver Letwin siguieron adelante con su empeño y han logrado que la ley sea aprobada. Fue debatida y votada en un solo día en la Cámara de los Comunes —salió adelante por un solo voto—, terminó el trámite obligado de segunda lectura y votación en la Cámara de los Lores, y a última hora de la noche de este lunes ha sido finalmente ratificada por los diputados.

La segunda Cámara, sin embargo, ha disipado parte de los miedos que tenía Bruselas ante este texto legal, que podía acabar provocando un Brexit por accidente a pesar de que el Consejo Europeo decidiera dar este miércoles luz verde a una nueva prórroga, como ya adelantó el lunes. Temían los 27 que el texto, que no solo forzaba a May a pedir una extensión e imponía su duración, sino que obligaba a someter de nuevo al veredicto y aprobación de la Cámara la fecha que finalmente se acordara con la UE, atara las manos de la primera ministra, le restara capacidad negociadora, y dejara en papel mojado cualquier imposición de los socios comunitarios. Por primera vez, se temía en las instituciones europeas, el control ya no estaría en manos de Bruselas. Los Lores, sin embargo, han sacado adelante una enmienda al texto según la cual no se exigirá segunda votación a la fecha que finalmente decidan conceder los 27, si finalmente May triunfa en su empeño.

El Gobierno británico ha dado su brazo a torcer, ha admitido el hecho de que el Parlamento ha impuesto su voluntad a través de una ley y ha entrado en el juego. Este mismo martes se debatirá una nueva enmienda presentada por Downing Street en la que se pone negro sobre blanco que la fecha de prórroga preferida por May es la que ya anunció la pasada semana: el 30 de junio. Si la enmienda sale adelante, Gobierno y Parlamento caminarán por primera vez en la misma dirección, aunque sean líneas paralelas destinadas a no rozarse, y podrán repetir, parafraseando a Shakespeare, que bien está lo que bien acaba. Aunque el enredo del Brexit diste mucho de haber acabado.

 

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