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Se sabe que los pacientes que sufren fibrilación auricular, aunque se controle la arritmia, siguen p

Fibrilación auricular y riesgo de ictus

Ictus y fibrilación auricular

La fibrilación auricular (también llamada FA) es un tipo de arritmia cardiaca donde las aurículas se mueven de manera irregular, que en lugar de latir tiemblan, perdiendo su eficacia para enviar la sangre hacia los ventrículos.

Por este motivo, la sangre se remansa en ellas y se facilita la formación de coágulos. Si un coágulo se desprende y pasa al torrente sanguíneo puede llegar a obstruir un vaso sanguíneo.

Aunque el cerebro en el humano representa solamente el 2 por ciento de su peso recibe aproximadamente 15 por ciento de la sangre que expulsa el corazón, por lo tanto, es uno de los órganos donde existe más riesgo de que estos coágulos desprendidos del corazón puedan llegar y producir un ictus.

La fibrilación auricular constituye un problema de salud de primer orden, se calcula que en el mundo existen más de 30 millones de personas que la padecen, y además su incidencia se incrementa cada año, en gran medida debido al aumento de la expectativa de vida.

Sin embargo, se sabe que los pacientes que sufren fibrilación, si se controla la arritmia siguen padeciendo un riesgo elevado de padecerlo. Esto es debido a múltiples factores.

.La fibrilación auricular está asociada con otros factores que pueden ser causa de ictus, como la hipertensión, la diabetes mellitus, la enfermedad cardíaca valvular, la insuficiencia cardíaca, la enfermedad coronaria, la insuficiencia renal crónica, enfermedades inflamatorias crónicas, apnea del sueño y el consumo de tabaco, factores de riesgo tanto para la aparición de fibrilación auricular como para el ictus.

Existen pacientes, especialmente aquellos que presentan la fibrilación auricular en edades tempranas, que tienen un fuerte componente hereditario.

Por otra parte, las aurículas que desarrollan fibrilación auricular con frecuencia tienen otras anomalías, como fibrosis, contractilidad disminuida y dilatación de estas, lo que también favorecen la formación de coágulos.

Cuando la fibrilación auricular cursa sin apenas síntomas

Muchas de las personas que padecen fibrilación auricular no tienen síntomas y desconocen que la padecen o bien los síntomas que experimentan son atribuidos a procesos banales y no les dan importancia, o lo que es peor conocen que la presentan, pero desconocen sus posibles consecuencias y solo las descubren cuando han padecido sus complicaciones.

Por el contrario, las personas que presentan síntomas frecuentemente lo que perciben es la presencia de palpitaciones con un latido rápido del corazón frecuentemente irregular. Suelen sentir una sensación desagradable en el pecho y en ocasiones debilidad, cansancio, fatiga, mareo o incluso dolor en el pecho.

La fibrilación auricular puede ser ocasional. En este caso, se denomina fibrilación auricular paroxística, donde los síntomas que aparecen por periodos de tiempo variables (desde minutos hasta semanas) y luego desaparecen.

Si tiene fibrilación auricular persistente, necesitará un tratamiento como una descarga eléctrica o medicamentos para restablecer el ritmo cardíaco.En aquellos pacientes con fibrilación auricular en los que no se puede restaurar el ritmo cardíaco normal se denomina fibrilación auricular permanente.

El diagnóstico

El diagnóstico de fibrilación auricular requiere la documentación del ritmo anómalo mediante un electrocardiograma para poder distinguirlo de otras arritmias.

En la fibrilación auricular permanente el diagnóstico es sencillo, porque en cualquier momento en el que se realice el electrocardiograma se detectará la anomalía. Sin embargo, en otras formas de fibrilación auricular el diagnóstico puede ser mucho más difícil, ya que depende de la duración del episodio de fibrilación auricular el que se pueda obtener el registro del electrocardiograma en el momento que la arritmia esta presente.

Por este motivo se han diseñado dispositivos capaces de registrar el electrocardiograma de forma continua durante periodos más o menos prolongados (desde horas a meses), donde el paciente se lleva el dispositivo y el electrocardiograma es analizado posteriormente.

Recientemente disponemos de “smartwatches” que permiten registrar el electrocardiograma de una forma mas o menos fiable dependiendo del dispositivo y software que con toda seguridad permitirán detectar esta arritmia de forma mucho más precoz. El impacto global de su uso sobre la salud y sobre la prevención del ictus esta todavía esta por determinar, pero existe un sentimiento general de que probablemente marcaran un hito en la detección de esta arritmia.

El tratamiento

El tratamiento de esta arritmia tiene dos pilares fundamentales, por una parte, mejorar el pronóstico de los pacientes y por otra el control de los síntomas que produce la arritmia.

Para mejorar el pronóstico además del tratamiento de cardiopatía de base, si existiese, el tratamiento fundamental es la administración de fármacos anticoagulantes, que intentan evitar la formación de coágulos en la aurícula y disminuir así el riesgo de que se produzca un ictus.

La administración de un fármaco anticoagulante debe de fundamentarse en el riesgo de formar trombos el paciente y el riesgo de hemorragias que pudiera producir al administrar un agente anticoagulante.

La elección del fármaco anticoagulante dentro de los que están en el mercado actualmente estará determinada por los riesgos individuales del paciente y por la presencia o no de otras enfermedades u otros tratamientos que pudieran interferir con ellos.

Dentro de los fármacos disponibles por vía oral, básicamente pueden dividirse en dos grupos, los anticoagulantes indirectos y los anticoagulantes directos.

Los indirectos, se denominan así porque actúan bloqueando el efecto de la vitamina K, que actúa en la formación de los factores de la coagulación. Sin embargo, los de acción directa bloquean un determinado factor de la coagulación aisladamente.

Los anticoagulantes indirectos, disponibles desde hace más de 50 años tienen el inconveniente que precisan un control muy estricto y frecuente del estado de la coagulación ya que su efecto se modifica frecuentemente según la alimentación con más o menos vitamina K que se ingiera, así como otros fármacos.

Los directos, por el contrario, son más seguros y producen menos complicaciones hemorrágicas ya que su efecto no se modifica por la alimentación y no es necesaria la realización de controles tan frecuentes de coagulación.

Es de destacar que tanto la fibrilación auricular paroxística, persistente o permanente tienen un riesgo similar de desarrollar un ictus y no deben condicionar la elección del tratamiento.

Para el control de los síntomas existen básicamente dos estrategias, la del control del ritmo intentando restaurar el ritmo normal y que este se mantenga en el tiempo y por otro el control de la frecuencia cardiaca para evitar que las pulsaciones se disparen y produzcan la sensación desagradable descrita anteriormente. Dependiendo la situación se decidirá la estrategia mejor y si para conseguirlo deberán emplearse fármacos o ciertas intervenciones sobre el corazón.

Dada la importancia de la fibrilación auricular y su relación con el ictus que puede ser causa de importantes secuelas físicas e importantes costos económicos, no debemos olvidarnos de que un aspecto fundamental es la prevención. Para ello es fundamental el control de la hipertensión, diabetes, tabaquismo etc., así como el diagnóstico precoz antes de que se produzcan las complicaciones.

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