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No sólo es posible, sino que ya está pasando con productos como el chile habanero: la misma tecnolog

¿Criptomonedas (tokens) de papas criollas colombianas?

Las millas de viajero frecuente, la casa en la que vive e incluso los derechos de libros que está leyendo podrían en pocos años intercambiarse por medio de cadenas de bloques (blockchain), la innovación computacional que dio vida al bitcoin. El mundo hasta ahora está asimilando las criptomonedas, activos que llaman la atención más por sus abruptas valorizaciones y desvalorizaciones que por la tecnología que usan, que representa una revolución en temas de seguridad (encriptación), velocidad y transparencia.

Son precisamente estas propiedades las que podrían cambiar la economía mundial, pues implicaría que cualquier activo se podría digitalizar: contratos, kilovatios de energía, la propiedad intelectual, las obras de arte e incluso la producción de productos agrícolas como las papas criollas colombianas.

Por eso ya no se habla de criptomonedas sino de tokens, que es una unidad valor emitida de forma privada que usa la misma tecnología. Gracias a este desarrollo es posible inyectarles la eficiencia de la cadena de bloques a activos y procesos de la vida diaria, algunos tan simples como redimir puntos de supermercado, y otros más complejos como buscar financiamiento para una empresa.

Es tal la expectativa en torno a este fenómeno, que ya se habla de tokeneconomía, que advierte sobre la posibilidad de crear todo un ecosistema de activos que funcionen por medio de blockchain.

No todos los tokens son iguales

Roberto Fernández Hergueta, director digital de Everis y coautor del libro Blockchain: la revolución industrial de internet, explica que “es tal el espectro de posibilidades que fue necesario tipificar los activos que se pueden representar por medio de tokens y categorizar las propiedades y condiciones bajo las cuales se intercambian. Se trata de una caracterización de la cual ha sido pionera la FINMA, Autoridad Supervisora del Mercado Financiero Suizo”.

Según el experto, hay cuatro tipificaciones: la tangibilidad y la no tangibilidad son las más intuitivas, pues describen si el activo es físico, como el petróleo, o si es una concepción, como los derechos de autor. Por su parte, la fungibilidad hace referencia a la posibilidad de intercambio por activos de igual valor o su capacidad de ser gastados en fracciones (como el bitcoin). Y la no fungibilidad indica que no son consumibles, es decir, que no se pueden gastar como el dinero o una mercancía, y que no se pueden dividir (por ejemplo, una obra de arte).

Asimismo, Fernández indica que hay tres categorías que aclaran los derechos del poseedor del token. Por ejemplo, los de utilidad nativa permiten el intercambio entre usuarios y las ganancias de éste, pero esto no representa ningún derecho sobre el emisor del token (es el caso del bitcoin). En cambio los de contraparte sí implican que el poseedor tiene derechos sobre el emisor, por ejemplo, pueden recibir utilidades de la empresa que creó el token. Y los testigos de propiedad son aquellos en los que es posible intercambiar derechos de propiedad técnicos, como propiedad intelectual o un contrato gubernamental para construir una autopista.

La caracterización puede asustar por su complejidad, pero en realidad lo que significa es que cada persona o empresa puede personalizar a su conveniencia estas unidades de valor privado. Una flexibilidad que puede ayudar a mejorar procesos o llenar vacíos de diferentes sectores: como un préstamo que sólo se empiece a pagar cuando existan utilidades. Cada uno pone las reglas y condiciones.

Los tokens emitidos

Hay más de 1.700 tokens emitidos, y van en aumento. De hecho, recientemente se conoció que James Rodríguez emitirá el próximo 12 de junio su propio token, la JR10, el cual se podrá adquirir únicamente a través de la aplicación de SelfSell. Sin embargo, esta emisión se puede entender más como una estrategia de marketing, una forma para acercarse con sus seguidores.

Pero también existen grandes apuestas de negocios: por ejemplo, hace un par de meses se emitió en México el Agrocoin, un token respaldado en la producción de chiles habaneros. Se vendió a un precio de US$27 y la compañía dice que espera pagar un dividendo anual equivalente a cerca del 30

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